Sin ATPDEA ni acuerdo comercial
02
julio
2013

Roberto Aspiazu EPor: Roberto Aspiazu E

Director Ejecutivo del Comité Empresarial Ecuatoriano

Constituyó una sorpresa desalentadora el anuncio de la decisión del Gobierno ecuatoriano de renunciar unilateral e irrevocablemente al sistema de preferencias andinas ATPDEA, por su sigla en inglés, un programa de beneficios arancelarios vigente desde hace 20 años.

 Es cierto que la renovación ante su vencimiento el 31 de julio se presentaba cuesta arriba, pero el hecho es que el sector privado había venido trabajando con la Embajada de Ecuador en Washington para agotar todos los esfuerzos con miras a una nueva extensión. Lamentablemente, a diferencia de lo ocurrido en ocasiones pasadas, esta vez no hemos tenido quien promueva nuestra causa en el Congreso norteamericano para aprobar la ley correspondiente.

De común acuerdo con la Embajada se había impulsado un Plan B, consistente en la solicitud de seis productos amparados por el ATPDEA a fin de que sean incluidos en el otro sistema multilateral, el Sistema General de Preferencias, SGP. Pero justo en las horas que se esperaba una decisión favorable del USTR, la oficina de comercio adscrita al Ejecutivo, se produjo el anuncio ecuatoriano y a la vez la reacción estadounidense indicando que la decisión de acoger al menos tres de los productos solicitados: rosas, brócoli y alcachofas, quedaba en suspenso.

Y como si fuera poco, que se evaluaría el criterio de elegibilidad de Ecuador para su inclusión en el SGP, que vence igualmente a fin de mes; en especial, en lo relacionado al cumplimiento de procesos arbitrales relacionados a inversiones de empresas y ciudadanos norteamericanos.

De este modo, si el panorama se perfilaba complicado ahora luce peor.

No deja de llamar la atención que la actitud ecuatoriana, que se reivindica como libre y soberana, no haya sido producto de amenaza alguna del Gobierno norteamericano. En realidad la sugerencia de exclusión como castigo ante la posible concesión de asilo político a Edward Snowden, provino de un editorial del Washington Post, así como de dos senadores republicanos; en ningún caso, hubo un pronunciamiento formal de la Casa Blanca o el Departamento de Estado, según correspondía para justificar la decisión adoptada.

El gobierno debe tomar consciencia que independientemente del factor político ideológico, que por momentos tiende a exacerbarse, Estados Unidos es por lejos nuestro principal socio comercial. Según cifras del Banco Central, en 2012 representó el destino del 43 por ciento de total de las exportaciones ecuatorianas, ratificando una vez más su preponderancia. Razón más que suficiente para brindarle a la relación un sentido de prioridad y privilegio.

Más allá de la dificultad de la renovación del ATPDEA, tarea complicada por el continuo discurso antiimperialista y antinorteamericano del gobierno, se mantenía la esperanza que con la reanudación de diálogo bilateral, suspendido a raíz de la expulsión de los embajadores en Quito y Washington en abril de 2011, se pudiera priorizar en la agenda el tema comercial. Y ante el escenario de iniciar la negociación de un acuerdo comercial de largo plazo, eventualmente lograr la renovación del ATPDEA como una solución puente hasta que se concrete dicho acuerdo.

Con las manos vacías sólo resta alentar que Ecuador pueda volver a la mesa de negociaciones con la Unión Europea y luego de cerrar el acuerdo comercial correspondiente, disponga de un modelo concreto para presentar a los Estados Unidos en el marco del señalado diálogo.

Entretanto, el desaliento y la desazón de los sectores “dolientes” beneficiarios del ATPDEA que expira irremediablemente, cifran su menguada esperanza en el plan de compensación que anuncia el gobierno. Al momento prevalece el escepticismo, toda vez que en 2011 cuando estuvo vencido durante meses el ATPDEA, el plan de entonces jamás funcionó al punto que ni una sola empresa logro retribución alguna por el pago de aranceles, debido al ineficaz trámite burocrático. Todo depende ahora de que se conciba un mecanismo ágil y oportuno basado en la herramienta del crédito tributario.

Pero tampoco hay que exaltar las bondades de cualquier compensación porque por mejor que esta sea jamás podrá mejorar el escenario de un acceso libre de arancel a los Estados Unidos.

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